EL REALISMO ESTRATÉGICO DE ESTADOS UNIDOS SEGÚN GEORGE FRIEDMAN





La visión que plantea George Friedman, junto con el think tank Geopolitical Futures, sobre la política exterior de Estados Unidos hacia su entorno más cercano se apoya en un enfoque sobrio, pragmático y claramente estratégico. No se trata de una política impulsada por discursos morales ni por proyectos idealistas de transformación social, sino por una gestión realista de los riesgos geopolíticos y de seguridad, con una prioridad clara: el Hemisferio Occidental.

 

Repliegue estratégico con enfoque hemisférico

Según Friedman, la etapa de intervenciones globales costosas y prolongadas ha quedado atrás. En su lugar, Estados Unidos avanza hacia una estrategia centrada en consolidar la seguridad de su entorno inmediato, lo que comúnmente se denomina su “patio trasero”. El objetivo principal es mantener la preeminencia en el Universo Occidental y reducir la implicación directa en conflictos del llamado Este global, como los de Europa o Medio Oriente.

Este giro no implica aislamiento, sino una recalibración de la política exterior. Washington ya no busca dominar políticamente a su entorno regional, sino evitar que la inestabilidad cercana se convierta en una amenaza directa para sus intereses estratégicos y su seguridad nacional.

 

Las prioridades pragmáticas de la política exterior estadounidense

 

La lectura de Friedman marca una separación clara entre aspiraciones ideológicas y objetivos prácticos. Estados Unidos ya no pretende exportar modelos políticos o sociales, sino garantizar un nivel mínimo de estabilidad, administrar riesgos y bloquear posibles focos de amenaza. Esta lógica se expresa en varias prioridades concretas.

 

1. Evitar estados fallidos y contener la violencia extrema

Un país que colapsa políticamente o cae en una espiral de violencia descontrolada representa un riesgo potencial para Estados Unidos. Por ello, la política exterior tiende a enfocarse en contener el desorden antes de que alcance niveles críticos, en lugar de invertir recursos en grandes planes de desarrollo o reconstrucción institucional.

 

2. Flujos migratorios y crimen transnacional

Una preocupación constante para Washington es el control de la migración irregular y de las redes criminales transnacionales. Estos fenómenos impactan directamente en la frontera sur y en la estabilidad interna del país. Por esa razón, se prioriza su contención práctica antes que impulsar transformaciones profundas en los países de origen.

 

3. Prevenir la presencia de potencias externas hostiles

Más allá del crimen organizado, Estados Unidos observa con atención la presencia de actores geopolíticos como China o Rusia en América Latina. Desde esta óptica, su avance podría debilitar la hegemonía regional estadounidense. Este factor refuerza una política basada más en la contención estratégica que en la intervención directa.

 

América Latina como espacio amortiguador, no como socio equivalente

Una de las ideas más directas de Friedman es que, en la práctica, Estados Unidos no concibe a América Latina como un socio político o económico equivalente, sino como una zona de amortiguamiento geoestratégico. Esto se refleja en varios puntos clave:

·       Tolerancia a modelos políticos diversos: Washington puede aceptar gobiernos ineficientes o incluso disfuncionales, siempre que no representen una amenaza directa.

·       Intervención selectiva y pragmática: La intervención solo ocurre cuando la situación se vuelve demasiado inestable o peligrosa.

·       Relaciones bilaterales antes que grandes alianzas: Se privilegian acuerdos prácticos y específicos en lugar de proyectos regionales ambiciosos.

En términos simples, Estados Unidos no busca reconstruir América Latina siguiendo un modelo europeo o norteamericano. Su interés central es evitar colapsos que pongan en riesgo sus intereses vitales.

 

El papel central de México

Dentro de esta estrategia pragmática, México ocupa un lugar especial. Su cercanía geográfica, la profundidad de su relación comercial y su impacto directo en temas migratorios y de seguridad hacen que su estabilidad sea más relevante para Washington que la de la mayoría de los países del continente.

Esto se traduce en varios elementos concretos:

·       Presión constante, pero cooperación inevitable, en comercio, migración y narcotráfico.

·       Incentivos claros para preservar la estabilidad institucional mexicana.

·       Evitación de escenarios de colapso estatal que puedan desbordar la frontera sur.

Aunque la política exterior estadounidense no gira exclusivamente en torno a México, su peso estratégico es mayor que el de países más alejados del norte del continente.

 

Centroamérica, Caribe y Sudamérica

En Centroamérica y el Caribe, la lógica es similar: evitar que estos territorios se conviertan en corredores ingobernables para la migración irregular y el crimen organizado, y limitar la influencia de actores externos. No se trata de promover desarrollos profundos, sino de administrar riesgos.

Sudamérica, en cambio, ocupa un lugar de menor prioridad estratégica directa. Su distancia geográfica y la falta de cohesión política regional reducen su capacidad de representar una amenaza inmediata o de exigir una implicación constante por parte de Washington. En esta región, la política estadounidense tiende a ser más distante y selectiva, enfocada en relaciones económicas puntuales y con baja intervención política.

Según George Friedman y Geopolitical Futures, la política estadounidense hacia América Latina se caracteriza por un enfoque práctico y realista. En lugar de imponer modelos o influir políticamente en los países de la región, Estados Unidos busca garantizar la estabilidad del entorno para proteger su propia seguridad. Para ello, gestiona riesgos estratégicos y preserva su liderazgo en el Hemisferio Occidental a través de acciones puntuales y acuerdos colaborativos.

 

 



POLITICA HACIA EUROPA DE ESTADOS UNIDOS




Por qué Europa necesita valerse por sí sola

 


(A partir del análisis de George Friedman – Geopolitical Futures)


He visto recientemente un análisis de Geopolitical Futures, expuesto por George Friedman, que resulta especialmente coherente con la dinámica que estamos observando en la política internacional actual. No plantea giros bruscos ni decisiones improvisadas, sino la culminación lógica de un proceso largo y sostenido.


La idea central es clara: Estados Unidos está redefiniendo su papel en el mundo. No se retira del escenario internacional, pero concentra su estrategia en sus intereses esenciales. Europa, mientras tanto, se enfrenta a una realidad que ya no puede seguir postergando: asumir la responsabilidad de su propia defensa tras décadas de dependencia estratégica.


Un cambio histórico, no una ocurrencia política


La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos no es una excentricidad ni el resultado de la voluntad personal de un presidente concreto. Es la formalización de un cambio que llevaba años gestándose.


Durante gran parte del siglo XX, la política exterior estadounidense respondió a un contexto muy específico: dos guerras mundiales, un continente europeo devastado y la amenaza sistémica de la Unión Soviética. Ese mundo ya no existe. El cambio no es tanto de contenido como de transparencia: ahora se reconoce abiertamente que las condiciones han cambiado y que la estrategia debe ajustarse a la nueva realidad.



El fin del marco ideológico de la Guerra Fría

Durante más de medio siglo, la política exterior de Estados Unidos se articuló en torno a un enemigo ideológico global: el comunismo internacional. Ese marco justificó su presencia militar permanente en Europa, Asia y otros puntos estratégicos.


Hoy ese esquema ha desaparecido:


  • El comunismo ya no es una ideología movilizadora a escala global.
  • China mantiene un partido comunista, pero no exporta un modelo ideológico.
  • Rusia no es la Unión Soviética ni lidera un bloque ideológico mundial.


Sin un adversario ideológico global, la base que sostenía la implicación profunda de Estados Unidos en Europa se ha debilitado de forma estructural.


Rusia: potencia nuclear, límites convencionales

Uno de los puntos más claros del análisis es la revisión del papel real de Rusia. Durante años, Occidente sobreestimó su capacidad militar convencional.


La guerra en Ucrania ha dejado varios hechos difíciles de ignorar:


  • Rusia conserva un arsenal nuclear relevante.
  • Sus fuerzas convencionales han mostrado limitaciones serias.
  • Un país más pequeño y con menos recursos ha resistido durante largo tiempo.
  • La victoria rápida que muchos daban por hecha nunca se produjo.

La conclusión es directa: Rusia no representa una amenaza militar existencial para Europa. Un continente con recursos económicos, población, industria y tecnología suficientes tiene capacidad para defenderse por sí mismo.


Europa ya no es un continente arrasado

El compromiso estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial tenía una base clara: Europa estaba destruida, empobrecida y políticamente inestable. Sin ayuda externa, no podía garantizar su seguridad.


Ese escenario pertenece al pasado. Hoy Europa:


  • Es una de las regiones más ricas del mundo.
  • Dispone de una sólida base industrial y tecnológica.
  • Cuenta con estructuras políticas estables y alianzas formales.

Seguir actuando como si dependiera de una potencia externa para su defensa básica es una inercia histórica, no una necesidad real.


El mito de la obligación moral permanente

Uno de los argumentos más repetidos es que Estados Unidos tendría una responsabilidad moral permanente en la preservación del orden mundial. El análisis desmonta esa idea recurriendo a la historia.


Estados Unidos:

  • No entró voluntariamente en las guerras europeas del siglo XX.
  • Fue arrastrado a la Primera y Segunda Guerra Mundial tras ataques directos.
  • Durante la Guerra Fría actuó por cálculo estratégico, no por altruismo.

La supuesta obligación moral universal es una construcción posterior. Nunca ha sido el motor real de su política exterior.


Biden y Trump: estilos distintos, misma dirección

El cambio estratégico no fue iniciado por Trump, aunque él lo exprese de forma más brusca.


Bajo la presidencia de Biden:


  • Estados Unidos no envió tropas a Ucrania.
  • Apoyó la guerra con armamento, no con intervención directa.
  • Evitó una implicación militar abierta pese a la presión internacional.

Trump no crea esta política. La declara de forma explícita. La dirección estratégica es la misma.



America First” como normalidad histórica


Lejos de ser una anomalía, “America First” encaja con la tradición histórica estadounidense. Durante la mayor parte de su historia, Estados Unidos:


  • Evitó implicarse en conflictos del Hemisferio Oriental.
  • Confió en la protección que le proporcionaban dos océanos.
  • Se concentró en su desarrollo interno.


La implicación profunda en Europa durante el siglo XX fue una excepción motivada por circunstancias extraordinarias.



Europa frente a su responsabilidad

El mensaje final es sencillo y directo: Europa debe asumir su propia defensa. Eso implica:

  • Invertir de forma realista en capacidades militares.
  • Coordinar recursos y planificación estratégica.
  • Abandonar la mentalidad de tutela externa.

No es un castigo ni un abandono. Es una normalización histórica.

La norma que caracterizó el siglo XX ha terminado. Estados Unidos ya no considera necesario involucrarse de forma permanente en la seguridad europea para garantizar la suya propia. Europa no es relegada por debilidad ajena, sino llamada a asumir una responsabilidad que ya le corresponde en la nueva dinámica internacional.