POLITICA HACIA EUROPA DE ESTADOS UNIDOS




Por qué Europa necesita valerse por sí sola

 


(A partir del análisis de George Friedman – Geopolitical Futures)


He visto recientemente un análisis de Geopolitical Futures, expuesto por George Friedman, que resulta especialmente coherente con la dinámica que estamos observando en la política internacional actual. No plantea giros bruscos ni decisiones improvisadas, sino la culminación lógica de un proceso largo y sostenido.


La idea central es clara: Estados Unidos está redefiniendo su papel en el mundo. No se retira del escenario internacional, pero concentra su estrategia en sus intereses esenciales. Europa, mientras tanto, se enfrenta a una realidad que ya no puede seguir postergando: asumir la responsabilidad de su propia defensa tras décadas de dependencia estratégica.


Un cambio histórico, no una ocurrencia política


La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos no es una excentricidad ni el resultado de la voluntad personal de un presidente concreto. Es la formalización de un cambio que llevaba años gestándose.


Durante gran parte del siglo XX, la política exterior estadounidense respondió a un contexto muy específico: dos guerras mundiales, un continente europeo devastado y la amenaza sistémica de la Unión Soviética. Ese mundo ya no existe. El cambio no es tanto de contenido como de transparencia: ahora se reconoce abiertamente que las condiciones han cambiado y que la estrategia debe ajustarse a la nueva realidad.



El fin del marco ideológico de la Guerra Fría

Durante más de medio siglo, la política exterior de Estados Unidos se articuló en torno a un enemigo ideológico global: el comunismo internacional. Ese marco justificó su presencia militar permanente en Europa, Asia y otros puntos estratégicos.


Hoy ese esquema ha desaparecido:


  • El comunismo ya no es una ideología movilizadora a escala global.
  • China mantiene un partido comunista, pero no exporta un modelo ideológico.
  • Rusia no es la Unión Soviética ni lidera un bloque ideológico mundial.


Sin un adversario ideológico global, la base que sostenía la implicación profunda de Estados Unidos en Europa se ha debilitado de forma estructural.


Rusia: potencia nuclear, límites convencionales

Uno de los puntos más claros del análisis es la revisión del papel real de Rusia. Durante años, Occidente sobreestimó su capacidad militar convencional.


La guerra en Ucrania ha dejado varios hechos difíciles de ignorar:


  • Rusia conserva un arsenal nuclear relevante.
  • Sus fuerzas convencionales han mostrado limitaciones serias.
  • Un país más pequeño y con menos recursos ha resistido durante largo tiempo.
  • La victoria rápida que muchos daban por hecha nunca se produjo.

La conclusión es directa: Rusia no representa una amenaza militar existencial para Europa. Un continente con recursos económicos, población, industria y tecnología suficientes tiene capacidad para defenderse por sí mismo.


Europa ya no es un continente arrasado

El compromiso estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial tenía una base clara: Europa estaba destruida, empobrecida y políticamente inestable. Sin ayuda externa, no podía garantizar su seguridad.


Ese escenario pertenece al pasado. Hoy Europa:


  • Es una de las regiones más ricas del mundo.
  • Dispone de una sólida base industrial y tecnológica.
  • Cuenta con estructuras políticas estables y alianzas formales.

Seguir actuando como si dependiera de una potencia externa para su defensa básica es una inercia histórica, no una necesidad real.


El mito de la obligación moral permanente

Uno de los argumentos más repetidos es que Estados Unidos tendría una responsabilidad moral permanente en la preservación del orden mundial. El análisis desmonta esa idea recurriendo a la historia.


Estados Unidos:

  • No entró voluntariamente en las guerras europeas del siglo XX.
  • Fue arrastrado a la Primera y Segunda Guerra Mundial tras ataques directos.
  • Durante la Guerra Fría actuó por cálculo estratégico, no por altruismo.

La supuesta obligación moral universal es una construcción posterior. Nunca ha sido el motor real de su política exterior.


Biden y Trump: estilos distintos, misma dirección

El cambio estratégico no fue iniciado por Trump, aunque él lo exprese de forma más brusca.


Bajo la presidencia de Biden:


  • Estados Unidos no envió tropas a Ucrania.
  • Apoyó la guerra con armamento, no con intervención directa.
  • Evitó una implicación militar abierta pese a la presión internacional.

Trump no crea esta política. La declara de forma explícita. La dirección estratégica es la misma.



America First” como normalidad histórica


Lejos de ser una anomalía, “America First” encaja con la tradición histórica estadounidense. Durante la mayor parte de su historia, Estados Unidos:


  • Evitó implicarse en conflictos del Hemisferio Oriental.
  • Confió en la protección que le proporcionaban dos océanos.
  • Se concentró en su desarrollo interno.


La implicación profunda en Europa durante el siglo XX fue una excepción motivada por circunstancias extraordinarias.



Europa frente a su responsabilidad

El mensaje final es sencillo y directo: Europa debe asumir su propia defensa. Eso implica:

  • Invertir de forma realista en capacidades militares.
  • Coordinar recursos y planificación estratégica.
  • Abandonar la mentalidad de tutela externa.

No es un castigo ni un abandono. Es una normalización histórica.

La norma que caracterizó el siglo XX ha terminado. Estados Unidos ya no considera necesario involucrarse de forma permanente en la seguridad europea para garantizar la suya propia. Europa no es relegada por debilidad ajena, sino llamada a asumir una responsabilidad que ya le corresponde en la nueva dinámica internacional.


LA PRUEBA PSIQUIÁTRICA EN JUICIOS PENALES




La prueba psiquiátrica en los juicios penales: cuando la ciencia no puede sustituir al juez

En los procesos penales modernos, la prueba pericial psiquiátrica se ha convertido en una de las herramientas más delicadas y controvertidas. No es un informe técnico más: sus conclusiones pueden influir directamente en si una persona es considerada responsable de un delito, en qué pena se le impone o incluso en si procede una medida de seguridad. Por eso, su uso plantea una pregunta básica: ¿hasta qué punto debe el juez apoyarse en la ciencia sin dejar de ejercer su propia responsabilidad de decidir?

El núcleo del problema está en que la psiquiatría no trabaja con certezas absolutas. Sus diagnósticos se basan en entrevistas, observaciones clínicas e instrumentos que siempre contienen un margen de interpretación. Cuando ese conocimiento se traslada al proceso penal, existe el riesgo de que el juez adopte las conclusiones del perito como si fueran verdades indiscutibles, renunciando, en la práctica, a valorar por sí mismo los hechos y su significado jurídico.

El artículo advierte de este peligro, al que denomina desplazamiento valorativo: el momento en que el juicio del experto sustituye al juicio del tribunal. Esto ocurre con frecuencia cuando los informes psiquiátricos provienen de órganos oficiales, no son contradichos por otros peritos y se aceptan sin un análisis crítico. En esos casos, la pericia deja de ser un elemento más del debate para convertirse en una especie de decisión anticipada.

Otro problema relevante es la desigualdad entre las partes. La acusación suele contar con informes institucionales, mientras que la defensa carece a menudo de medios para encargar una contrapericia. Sin una contradicción real, el proceso pierde equilibrio y el derecho de defensa se debilita. La justicia penal no puede funcionar correctamente si una de las partes tiene el monopolio del saber experto.

El texto presta especial atención a la vulnerabilidad. En el caso de las víctimas, una pericia mal planteada puede provocar una nueva forma de daño, obligándolas a revivir el trauma o sometiéndolas a evaluaciones innecesarias que, en la práctica, acaban cuestionando su credibilidad. En el caso del acusado, la exploración psiquiátrica afecta a su intimidad y, en ocasiones, a su derecho a no autoincriminarse. Por ello, estas pruebas deben practicarse con límites claros, finalidad precisa y respeto estricto a la dignidad personal.

Las recientes reformas legales y la digitalización de la justicia introducen un nuevo escenario. La eficiencia, la tramitación electrónica y la estandarización de informes pueden agilizar los procedimientos, pero también corren el riesgo de convertir el juicio en una mera gestión de documentos. Frente a esa deriva, el artículo reivindica el papel del juez de garantías como figura clave: alguien que controle qué pericias se admiten, con qué finalidad y bajo qué condiciones, evitando que la tecnología o la ciencia decidan por él.

La conclusión es clara: la psiquiatría puede y debe ayudar al juez, pero nunca sustituirlo. La legitimidad de una sentencia no depende de la autoridad del informe, sino de la capacidad del tribunal para razonar y justificar por qué acepta unas conclusiones y rechaza otras. Solo así el proceso penal seguirá siendo un espacio de deliberación humana y no una validación automática del saber técnico.

Reseña

La autora del artículo es Carmen Durán Silva, Profesora Permanente Laboral de Derecho Procesal en la Universidad de Alicante. En lo personal, este trabajo tiene para mí un interés especial: la autora es mi hija.

Referencia de publicación

Durán Silva, Carmen (2025). La prueba pericial psiquiátrica en el proceso penal: entre la complejidad científica y la valoración judicial. IUS ET SCIENTIA, Vol. 11, Nº 2, pp. 104–136. Editorial Universidad de Sevilla. ISSN 2444-8478.

DOI: 10.12795/IETSCIENTIA.2025.i02.05

ENVEJECER CON CALIDAD






Seis pautas para mantener el cerebro joven y envejecer mejor

Hoy la gran pregunta ya no es cuántos años vamos a vivir, sino cómo llegaremos a la vejez. La mayoría de las personas preferiría una vida algo más corta, pero con la cabeza despejada, memoria funcional y capacidad para relacionarse con los demás. Mantener el cerebro en buen estado se ha convertido en una prioridad, y la ciencia empieza a ofrecer respuestas claras, lejos de suplementos milagro y promesas vacías.

En su ensayo [Antiaging para el cerebro]), el doctor en Biología Celular Jordi Olloquequi propone seis ámbitos sencillos y accesibles para cuidar la salud cerebral a lo largo de los años. No son fórmulas mágicas, sino hábitos avalados por la investigación científica.

1. Dormir bien protege el cerebro

El sueño no solo consolida la memoria. Durante el descanso profundo se activa el sistema glinfático, encargado de eliminar residuos tóxicos del cerebro. Dormir menos de siete horas —o más de nueve— favorece la acumulación de estas sustancias y aumenta el riesgo de enfermedades neurodegenerativas. Dormir mal, de forma crónica, acelera el envejecimiento cerebral.

2. El ejercicio físico cuida la mente

La actividad física moderada estimula procesos celulares que protegen el ADN y retrasan el deterioro asociado a la edad. Además, mejora la irrigación cerebral y la plasticidad neuronal. El exceso, sin embargo, tiene el efecto contrario: entrenamientos extremos y lesiones repetidas acortan la vida útil del cuerpo y del cerebro.

3. Aprender y jugar mantiene joven el cerebro

La curiosidad es uno de los mejores antídotos contra el envejecimiento cognitivo. Aprender un idioma, tocar un instrumento, leer con atención o practicar juegos que exijan memoria y concentración activa áreas clave del cerebro, como el hipocampo. Frente a ello, el consumo pasivo de pantallas apenas estimula las funciones mentales profundas.

4. Comer un poco menos ayuda a envejecer mejor

La conocida “regla del 80%”, habitual en Japón, consiste en dejar de comer antes de sentirse completamente lleno. La obesidad se asocia a la atrofia cerebral y al aumento del riesgo de deterioro cognitivo y alzhéimer. La moderación, también en la mesa, es una aliada del cerebro.

5. Evitar los alimentos inflamatorios

La comida ultraprocesada favorece un estado de inflamación crónica conocido como inflammaging. Este proceso daña las neuronas, deteriora las conexiones sinápticas y se relaciona directamente con la atrofia cerebral y el aumento del riesgo de alzhéimer. Una dieta basada en alimentos frescos protege tanto el cuerpo como la mente.

6. Las relaciones sociales alargan la juventud

El estudio longitudinal sobre desarrollo adulto realizado por la [Universidad de Harvard]durante más de 80 años demuestra que la soledad acelera el envejecimiento tanto como el tabaquismo. Mantener vínculos sociales, amistades y relaciones afectivas es uno de los factores más potentes para preservar la salud mental.

En conjunto, estas seis pautas muestran que envejecer mejor depende menos de productos caros y más de hábitos cotidianos. Dormir bien, moverse, aprender, comer con moderación, evitar ultraprocesados y relacionarse con los demás son decisiones sencillas que, mantenidas en el tiempo, marcan la diferencia.


Fuentes

  • Juárez Casanova, F. y Miralles, F., El País, 18/12/2025
  • Olloquequi, J., Antiaging para el cerebro
  • Estudio sobre desarrollo adulto, Universidad de Harvard

OPERACION ANTROPOIDE

 



Hace unos meses me crucé con una nota que recordaba el aniversario de un atentado clave durante la Segunda Guerra Mundial. No lo conocía en detalle, pero al leer más, entendí por qué sigue siendo tan recordado. Lo comparto aquí.

 

La Operación Antropoide: El Atentado Que Cambió la Historia Checa

La Segunda Guerra Mundial dejó incontables historias de resistencia. Pero pocas tan audaces como la Operación Antropoide, el único atentado exitoso contra un alto mando nazi. Aunque no detuvo el Holocausto, sí logró eliminar a uno de sus arquitectos más temidos: Reinhard Heydrich, jefe de la Gestapo y cerebro de la Solución Final.

El resultado final fue muy caro. Los nazis arrasaron pueblos enteros. Pero la acción envió un mensaje claro: Checoslovaquia no se rendía.

 

 
¿Quién era Reinhard Heydrich?

Con solo 38 años, Heydrich era el Protector del Reich para Bohemia y Moravia, gobernando desde Praga con mano de hierro. Era uno de los principales ideólogos del exterminio judío y un candidato firme a suceder a Hitler.

Su asesinato no solo tenía valor estratégico: era un golpe simbólico al corazón del Tercer Reich.

 

Cómo se planeó el atentado

La operación fue organizada por el gobierno checoslovaco en el exilio, dirigido por Edvard Benes desde Londres. Dos comandos, Jozef Gabcík y Jan Kubis, fueron entrenados por los británicos para infiltrarse en territorio ocupado y ejecutar una misión de altísimo riesgo.

 

Los objetivos eran claros:

  • Mostrar a los Aliados que Checoslovaquia seguía activa en la lucha.
  • Desestabilizar una región donde crecía la colaboración con los nazis.
  • Reforzar la legitimidad del gobierno en el exilio.

 

El ataque se llevó a cabo el 27 de mayo de 1942, cuando los dos paracaidistas emboscaron el coche de Heydrich en Praga. La ametralladora de Gabcík falló, pero Kubis lanzó una granada que hirió gravemente al jerarca nazi. Heydrich murió días después, por una septicemia.

 

La brutal represalia


La reacción de Hitler fue inmediata y devastadora. Las SS arrasaron los pueblos de Lidice y Lezaky:

  • Fusilaron a todos los hombres mayores de 16 años.
  • Deportaron y asesinaron a mujeres y niños.
  • Ambos pueblos fueron borrados del mapa.

 

Se calcula que entre 1.300 y 4.600 personas murieron como represalia directa.

 
La caza de los autores

Semanas después, los responsables fueron delatados. El 18 de junio de 1942, más de 700 efectivos de las SS y la Gestapo rodearon la iglesia de San Cirilo y San Metodio, donde se escondían los paracaidistas.

Gabcík, Kubis y sus compañeros resistieron durante horas. Murieron en combate o se suicidaron para evitar ser capturados.

 

Un impacto que cruzó fronteras


La operación tuvo efectos profundos:

  • Reforzó la unidad entre las distintas redes de resistencia.
  • Generó rechazo internacional ante la brutalidad nazi.
  • Eliminó cualquier posibilidad de negociación con colaboracionistas.

 

Hoy, la iglesia de San Cirilo y San Metodio es un memorial nacional. Allí se recuerda a quienes murieron luchando por un país libre.

 

Un legado vivo


La Operación Antropoide fue más que un atentado: fue un acto de afirmación nacional, una declaración de principios en tiempos de horror.

Su memoria sigue presente en Chequia como símbolo de valor, resistencia y dignidad.





NAPOLEON Y HITLER. DOS MONSTRUOS

 




Napoleón no merece ser mitificado. Su figura, como la de otros líderes autoritarios, debería ser analizada con la misma dureza crítica que aplicamos a Hitler. Que uno dejara reformas legales y el otro un genocidio no borra el hecho de que ambos pisotearon naciones enteras por ambición personal. La memoria histórica no debería depender de lo útil que resulte un personaje para el relato nacional, sino del sufrimiento real que provocó.

 

El doble rasero de la historia: por qué no hay que mitificar a Napoleón

 

A lo largo de la historia, algunos personajes han sido revestidos de grandeza a pesar de las masacres que causaron, mientras que otros han sido condenados sin paliativos. Este doble rasero no siempre responde a los hechos, sino al uso político de la memoria. Napoleón Bonaparte es un ejemplo evidente de esta distorsión. No justifico las atrocidades cometidas por Hitler, pero tampoco acepto la exaltación casi romántica de Napoleón, cuyas guerras dejaron un rastro de muerte y destrucción comparable en muchos aspectos. Ambos líderes surgieron en contextos de crisis e iniciaron campañas de expansión imperial por Europa, lo que resultó en consecuencias significativas para la población. No obstante, uno fue objeto de mitificación histórica, mientras que el otro ha sido condenado de manera categórica.

 

1. Contexto inicial: dos países al borde del colapso

 

Cuando Hitler llegó al poder en 1933, Alemania estaba hundida por la derrota en la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles y una crisis económica profunda. Hambre, desempleo y frustración creaban un caldo de cultivo para un líder autoritario que prometiera orden y recuperación. En 1799, Francia vivía una situación parecida: tras años de revolución, se encontraba aislada, con guerras internas, caos político y penurias económicas. En ambos casos, la figura del líder se construyó como “salvador nacional”, aprovechando el desastre previo.

 

2. Invasiones ilegítimas disfrazadas de liberación


Tanto Napoleón como Hitler emprendieron guerras ofensivas bajo la apariencia de defensa o liberación. Invadieron territorios soberanos sin legitimidad jurídica ni respaldo ético. El derecho internacional, aunque menos consolidado que hoy, ya establecía límites y costumbres que ambos ignoraron. Las campañas napoleónicas, como las de Hitler, fueron actos de agresión sistemática.

 

3. El coste humano: millones de muertos


Entre 1800 y 1815, las guerras de Napoleón dejaron millones de muertos en toda Europa. Ciudades como Zaragoza fueron arrasadas; en Rusia, más de 400.000 soldados franceses murieron por frío, hambre y ataques civiles. Las tropas napoleónicas saquearon, fusilaron y reprimieron con dureza cualquier resistencia. Hitler llevó esta lógica más lejos: su maquinaria de guerra no solo arrasó países, sino que convirtió el exterminio en política de Estado. Seis millones de judíos fueron asesinados en el Holocausto, junto con millones de eslavos, gitanos, opositores, discapacitados y otras víctimas de su ideología. En ambos casos, el resultado fue una catástrofe humana a escala continental.

 

4. El mito como operación política


Aquí aparece la diferencia clave: Napoleón fue convertido en mito. La historiografía del siglo XIX, el romanticismo y el nacionalismo francés lo transformaron en héroe moderno: el genio militar, el reformador ilustrado, el hombre solo frente al destino. Sus crímenes fueron suavizados o ignorados. En cambio, Hitler nunca fue objeto de ese tipo de rehabilitación, hecho totalmente aceptable e inapelable según las atrocidades que cometió. Su derrota, su suicidio y el carácter atroz de su legado lo dejaron fuera de cualquier tentativa de redención simbólica. En su caso, se aplicó la ley —y el juicio histórico— sin matices ni excusas: se juzgó a sus colaboradores, se documentaron sus crímenes y su memoria quedó inseparable del horror. Nada parecido ocurrió con Napoleón, cuya figura fue rehabilitada y envuelta en una épica que omitió deliberadamente la magnitud del daño causado.

 

5. La memoria según conviene

 

El tratamiento de uno y otro responde menos a los hechos que a los intereses de cada época. Napoleón fue útil a la construcción del Estado-nación francés y a una Europa que quería modernizarse. Hitler, en cambio, se convirtió en el símbolo absoluto del mal, una figura que cumple una función moral: señalar los límites que nunca deben cruzarse. Esa diferencia no se basa en los millones de muertos ni en la legitimidad de sus guerras, sino en el relato posterior que se construyó sobre ellos.

 

6. Similitudes incómodas

 

Ambos líderes pretendieron dominar Europa. Ambos invadieron Rusia y fracasaron ante el clima y la resistencia local. Ambos impusieron regímenes de ocupación brutales, con represión sistemática y desprecio por la vida humana. La diferencia radica en la escala y en el componente ideológico: Hitler llevó la violencia hasta el genocidio industrial, mientras que Napoleón aplicó una lógica militar despiadada, sin llegar al exterminio racial. Pero en términos de ambición, desprecio por la soberanía de otros pueblos y sufrimiento causado, las similitudes son innegables.

 

7. Represalias y control civil

 

Las tácticas de ocupación también se parecen. Napoleón impuso gobiernos títeres, explotó recursos locales y castigó duramente cualquier levantamiento. Hitler hizo lo mismo, pero con un aparato represivo mucho más sistemático. En ambos casos, se utilizó el terror como herramienta de control. Fusilamientos, represalias colectivas, saqueos y deportaciones formaron parte de la estrategia de ambos.

 

8. ¿Qué se celebra realmente?

 

La exaltación de Napoleón no se basa en el sufrimiento que causó, sino en una construcción interesada. Se le recuerda por el Código Civil, la centralización del Estado o la idea de mérito frente al privilegio. Nada justifica el precio en vidas humanas que dejó tras de sí. Su legado, por más reformas que contenga, está manchado por la brutalidad con que lo impuso.